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Mi experiencia en una cárcel en Estados Unidos

Soy Hada Luz Andrade Angel, budista desde el 30 de enero del 2010.

El 29 de julio del 2020 viajé a Estados Unidos, para firmar unos papeles de la empresa que abrimos allá, mi esposo y yo, el año pasado. El abogado y contador me pidió ir desde marzo, pero por la pandemia esperé hasta finales de julio, a que pasara un poco la crisis.

Llegamos a Houston sin papeles, en un vuelo desde Cancún, México, (donde dejamos nuestro motorhome).

Al llegar la oficial nos dijo: – No es legal tener empresa con visa de turismo.

Sí es legal– Le respondí. –Tenemos abogado y contador que nos asesoran y jamás haría nada ilegal en ningún país, menos en donde invierto mi dinero.– Seguí hablando en español lo que le dió más rabia a la oficial.

Nos llevaron al famoso cuartito, pidieron nuestros celulares, entrevistaron primero a David… Y la sentencia fue: perdimos nuestra visa y no podemos volver al país en 5 años (a menos que tengamos 1 millón de dólares para invertir o nos contraten de alguna empresa…)

No saben a quién retaron ellos… que me aguarden… Pensé.

Pero… No fue tan sencillo…

Deportados

Resulta que las deportaciones se hacen el mismo día, ellos compran los pasajes a tu país de residencia y regresas rápido.

Pero… Con la pandemia el aeropuerto de Colombia (que es mi actual país de residencia) está cerrado hasta septiembre. Entonces nos informaron que tendrían que llevarnos a una cárcel hasta que el aeropuerto de Colombia vuelva a abrir. O sea en septiembre.

¿Cárcel? ¡Qué susto! Pánico total.

Se llevaron primero a David. Yo dormí una noche más en el aeropuerto en migración, a la noche siguiente me dijeron:

– Tú tienes dos pasaportes, entonces conseguimos un pasaje a Brasil para ti, hoy a las 10 p.m.

Entré en estado de pánico. Pues hace 10 años no iba a Brasil, toda mi família está en Colombia y lo peor de todo, es que David sin querer, se llevó todo nuestro dinero y tarjetas con él. Entonces estaba con mucho miedo de llegar a Brasil sin dinero.

-¿A cuál ciudad va ese vuelo? Le pregunté a la oficial.

No sé decirte. Respondió muy fría. – Sólo lo sabrás cuando estés dentro del avión.
¿Puedo por favor, tener mi celular para llamar a algunos amigos en Brasil para ver quién puede recibirme? – Le pregunté.
-No. Sólo vas a tener tu celular dentro del avión.

Pánico total

Tengo miedo de ir a Brasil, no tengo dinero ni sé a dónde voy a llegar. Help!
-¡Ahh! ¿Tienes miedo?.
– Le cambió el ensamble a la oficial, y con aún más maldad, siguió:

Entonces acabas de entrar en el proceso de asilo político, y vas a hacer ese proceso en la cárcel. Aquí te dejo una lista de abogados a los que puedes acudir, unos gratis, otros baratos, otros más caros…

-¡No! Por favor, no quiero pedir asilo, ya pensé mejor y yo sí quiero ir a Brasil. Tengo mi pasaporte y puedo pedir dinero a mi família por Wester Union. No hay problema alguno.

-Señora, ya su solicitud de asilo se fue al sistema.

Me metieron en otro cuarto para interrogarme y me preguntaron:

Dijiste que tienes miedo de volver a Brasil ¿verdad?

No señor, no tengo miedo de volver a Brasil. Respondí.

– ¡Ahh! ¿Entonces dijiste una mentira Federal? Tenemos vídeos grabados donde tú dijiste que tenías miedo. Si no asumes ese miedo, el castigo es peor porque será considerado una mentira federal.

– Señor, entonces, si digo que tengo miedo me meten a la cárcel por asilo, y si digo que no tengo miedo de ir a Brasil, que es la verdad, entonces tendré cargos por mentir… Estoy jodida. No sé qué decir. Ayúdame porfavor.

– ¿Usted quiere que yo pierda mi trabajo por ayudar a alguien que ni siquiera conozco? Pues no lo haré.

– Voy a preguntarle por última vez: ¿usted dijo o no dijo que tenía miedo de ir a Brasil?

– Sí, dije. – Pero sólo fue por causa de no tener dinero aquí, comigo. Tengo dinero en el banco y puedo acceder a el allá.

– ¿Por qué tienes miedo de ir a Brasil?

– No tengo miedo alguno de ir a Brasil, amo mi país.

– ¿Cuáles son los riesgos de vida que tienes al llegar a Brasil?

– Ninguno, amo mi país, no tengo riesgo de vida alguno estando allá.

Y así, fueron las 10 preguntas siguientes…

Pero al final me dieron un papel para firmar donde decía que yo tenía miedo de ir a Brasil y que estaba pidiendo el asilo.

Le dije:
– No puedo creer que siendo usted tan inteligente, no pueda entender que no corro riesgo de ir a Brasil y que no estoy pidiendo asilo.

Dormí esa noche en imigración y al dia siguiente, jueves 31 de julio me llevaron a las 4 de la tarde a la cárcel.

Me pusierom esposas. Fue una escena de película. Verme con ¿esposas? Jamás me lo imaginé en la vida. Pero recordé las palabras de mi amigo Eddi cuando le conté: sé fuerte, que eres Hada Luz, vas a salir bien de esta y recuerda a Nichiren. También recordé a Makiguchi, a Josei Toda y a Sensei, cuando fueron arrestados injustamente como yo.

Llegué una hora después a la cárcel (lo supe, ya que conté la cantidad de canciones que sonaron en la radio durante el trayecto: en total 10 canciones y dos comeciales). Al llegar, todo fue típico de película, gradas altas, 3 muros, todo cerrado y muy muy frío. Además, tenía un ruido de cárcel inexplicable.

Llegué llorando muchísimo. Todos los oficiales intentaban calmarme y uno me dijo:

– Vas a estar bien, la prensa hace una reputación muy fea de la cárcel, pero aquí vas a ver televisión todo el dia y vas a estar muy bien. Tranquila…

Como estamos en pandemia yo iba a estar 14 días sola en un cuarto.

El jueves llegué muy cansada, me di un baño caliente de una hora. Y sólo hice 30 minutos de Daimoku, Gongyo y me dormí.

El viernes también estaba muy cansada, hice una hora de Daimoku en todo el día, de resto sólo lloré, comí y escribí mis sentimentos, los cuales estoy trransofrmando en un libro.

Injusticia compartida

Ese viernes me comuniqué con el cuarto vecino, Edith una joven de Nicaragua quien me dijo que estaba en la misma situación que yo, (no quería asilo y llevaba 10 meses allí)… Luego me dijo que había otra chica que lleva 1 año y medio por el mismo motivo y está pagando $5.000 dólares a un abogado y nada que se soluciona su situación. Entré en desespero total… Lo que iba a ser un mes por tema de pandemia y aeropuerto cerrado en Colombia, se convirtió en un proceso que hacen para ganar dinero con quiénes ellos logran infundir «miedo» con procesos que podrían durar 10 meses a años.

Al saber todo esto, dediqué el sábado y domingo a hacer 10 horas de Daimoku vibrante, cada día. No podía permitir quedarme 10 meses, es más ni un sólo mes me quedaría allí.

Justo hace 2 semanas, me determiné a enseñar a muchas personas a «hacer que su 2020 sea el mejor año de sus vidas» y contarle a Daisaku Ikeda (quien vive aún y tiene 82 años).

Tengo todo fríamente calculado para lograr esa meta, con mis dones artísticos e intelectuales.

Yo sabía que algún obstáculo iba a aparecer, pero no imaginé que iba a ser de ese tamaño. Sin teléfono, sin dinero y por ese motivo me pusieron en la categoría de «homeless», es decir, sin casa… Horrible.

Un día antes de esta pesadilla, lancé un curso virtual donde fácilmente buscaba enseñar a 22.000 personas (mi meta) a manifestar lo que deseen en la vida… Tuve que poner en mis redes sociales que iba a hacer un retiro de 40 días y a mi retorno abriría el curso… (Me hice amiga de una oficial de inmigración quien me permitió ver mi celular por 10 minutos, antes de llevarme a la cárcel y aproveché ese momento para copiar y pegar una petición de Daimoku (NMRK) a varios amigos y amigas budistas. Puse en mis redes el mensaje del supuesto retiro y lo mismo en los grupos de trabajo).

Todo por mi victoria y libertad

Entre llantos y certezas hice las 20 horas de Daimoku. Era mi oportunidad de demostrar una grandiosa victoria. Algo realmente IMPOSIBLE.

El lunes siguiente, logré gracias a los consejos de mi vecina, usar 3 minutos gratis por mi posición de «homeless», para llamar a mi contador de USA. Le pedí que le avisara a Klaudia, la prima de David quien es abogada en Miami.

Volví a la cama e hice más Daimoku.

Ahí llegó una oficial y me dijo que juntara todas mis cosas, pues iría a otro cuarto…

– ¿Otro cuarto? ¿Pero si estoy en cuarentena? No quería en verdad ir a otro cuarto, compartir con otras personas donde no podré hacer mi Daimoku a todo pulmón.

En el camino lloré mucho. Le hablé en mi inglés básico al oficial, le conté la injusticia que estaba viviendo, pues tengo dinero pero está todo con mi esposo, y no me dejan ver mi celular donde tengo los datos de la tarjeta de crédito… Quiero llamar, quiero salir de aquí…

La oficial pidió a una mujer del cuarto salir a traducirme todo lo que yo estaba hablando, en seguida esa mujer me dijo: – …quédate tranquila, yo te presto dinero para que puedas llamar a quien quieras y te doy sobres, para que envíes todas Las cartas. Las que necesites. Aquí estarás bien. Bienvenida.

Ella es Valeria, de El Salvador. En total eran 4 mujeres, 3 de el Salvador y 1 cubana. Súper católicas todas. Una de ellas trabaja en la cocina, así que tenían de todo en el cuarto: sal, pimienta, mantequilla, miel, arroz especial… ¡Felicidad! Llegué a la zona VIP. Eso es beneficio inmediato de mis horas de Daimoku. (En ese momento no lo ví claro, sólo después).

Ese día pude llamar a mi familia con sus créditos y me depositaron dinero.

El martes, logré la entrevista de la llamada «miedo creíble» para el tema del asilo. Me dieron ese mismo día, el aviso de la deportación y toda la información del vuelo, que sería el viernes 8:00 p.m. a Sao Paulo… (es decir, me dijeron todo, cosa que jamás hacen, pude cuadrar casa y quién me recogería en Brasil con horas y minutos exactos, otro súper beneficio de mis horas de NMRK, pues eso no pasa normalmente en las cárceles de Estados Unidos).

Valeria me preguntó:

– ¿Tú qué rezas? Porque lo que haces tiene que ser muy poderoso, hiciste en 7 días lo que nunca nadie ha logrado aquí.. tu caso mínimo, debió haber durado unos 15 meses.. además, tuviste que pagar entre $2 a $5.000 dólares por el abogado… La vecina tiene tu mismo caso, ella nunca pidió asilo y está aquí hace un año y no ha logrado salir, pagó $4.000 dólares a un abogado y nada que tiene ni siquiera esa entrevista que tuviste.

Manifestando juntas

Desde el primer momento que llegué a la celda, quise enseñarle a mis compañeras lo que yo sé hacer y les escribí una carta a cada una, agradeciendo los favores y el cariño con que me recibieron. Y al final de la carta, les escribí una recomendación de que investigaran sobre el NMRK y que si quisieran, lo repitieran para transformar sus vidas profundamente.

Yo sólo iba a entregar esa carta el día que me iba, pues tenía miedo de que creyeran que era brujería o algo no católico. Además, me sentía que estaba en manos de ellas en aquel cuarto (podía acceder a la mejor comida de la cárcel gracias a sus contrabandos de condimentos que se traían de la cocina, además como llevaban años ahí, sabían todos los trucos para vivir cómodamente).

Pero… Ya que Valeria (la líder del grupo) me preguntó…

Pensé en cómo Daisaku Ikeda explicaría el poder del Daimoku para ellas, católicas en desespero por tantos meses de cárcel… debía ser certera. No tendría tiempo de hacerles seguimiento, de apoyarlas continuamente. Ni de invitarlas a una reunión con más budistas.

Lo que hice fue: primero las ayudé a cada una, a escribir sus metas como si ya hubieran sucedido, agradeciendo por ellas. Determinando un futuro maravilloso. Por ejemplo, una de ellas, Kenia dijo que quería trabajar en lo que fuera al salir, pero cuando le dije que debía determinar lo que realmente quería, nos contó que su gran sueño era tener una pastelería y hacer tortas enormes y hermosas… hasta se imaginó el nombre y el letrero.

Valeria, despertó su sueño de estudiar derecho y ayudar a muchos migrantes; Karla quiere tener una floristería y ser madre con su esposo actual y Dianelis, quiere tener un centro de masajes terapéuticos para aplicar sus estudios de fisioterapia para deportistas… En ese momento todas le pedimos masajes y nos reímos mucho.

En seguida, les enseñé sobre los 10 estados de vida, sobre la revolución humana y también les enseñé sobre transformar el veneno en medicina. Y dejé en el aire:

Si quieren saber cuál es la frase transformadora que utilizo, pueden pedírmela. Porque sólo la puedo regalar a quienes realmente la quieran. Pues debo respetar las creencias de cada persona…

– Yo quiero. Dijo Valeria. Enseguida las otras 3 dijeron lo mismo.

Entonces les enseñé. Y me pidieron que hiciéramos juntas 15 minutos ese mismo día. Les dije que si hacían 1 hora todos los días, en 3 meses tendrían la libertad y notarían los cambios profundos en sus vidas…

Hicimos 25 minutos sin sentir el tiempo pasar. Al día seguiente, meditamos 1 hora juntas.

Y el viernes, mi último día, hicimos 20 minutos y se determinaron que continuarían con una hora diaria, hasta lograr su meta.

Los días siguientes, hice 2 horas extras, sólo para la victoria de ellas.

El viernes muy temprano Dianelis, la cubana quién de las 4, tenía el caso más difícil, recibió una excelente noticia. Su abogado la fue a visitar y le dijo que era muy posible que lograra su libertad la próxima semana. Mi corazón se emocionó muchísimo. Ese día, cada una me escribió una carta, llenando mi corazón de emoción.

Una oficial al saber que me iba después de apenas 7 días, dijo: «Oh shit! This is unreal» (¡Mierda! Esto es increíble).

Salí de allá con esposas en los pies y en las manos, pero con el corazón tranquilo de haber cumplido mi misión.

En mi libro escribí sobre cómo ayudar a más personas para no caer en esa pesadilla, ya que descubrí que es un súper negocio el tener presos por motivo de «Asilo político«, reciben más de $500 dólares por día por persona, además los oficiales tienen metas por cumplir al mes. Igualito que las metas bancarias… Así, tal cual…

¡Libertad! I’m free!

Con el Daimoku, el veneno siempre se convierte en medicina rápidamente.

Ya de vuelta al aeropuerto, en el área de migración, mientras estaba esperando mi vuelo a Brasil, todos los oficiales estaban «felices» con mi victoria.

Fue chistoso por qué la mayoria me recordaban. Al llegar yo no pude dejar de gritar: «I’m free!» a todo pulmón en el momento en que me quitaron las esposas de las manos, pies y cintura.

Uno de ellos me pidió el favor de hablarle a una joven que iría por el mismo motivo, a la misma cárcel. Tenía 19 añitos, de Inglaterra, y con mi poco inglés, logré darle varios tips sobre ese lugar. Lo principal, le enseñé mi práctica, sobre cómo conseguí salir en 7 días y no en 10 meses o más… Ella sufre de depresión y le encantó aprenderlo. Me dijo que pronto me escribirá contando su victoria.

David seguía en la cárcel, esperando un vuelo para Colombia. Todo mi Daimoku ahora iba dirigido hacia su victoria. Llegó en un vuelo humanitario de USA a Bogotá el 3 de septiembre, cuando nos habían dicho que llegaba el 31 de agosto. Fueron 3 días extras de profunda tensión y transformación interna, para él y para mí.

Yo fui deportada a Sao Paulo, Brasil. Estuve una semana en la casa de mi sobrina y conseguí un cupo de última hora en el único vuelo humanitario de Brasil a Colombia el 15 de agosto.

Pasé mis 14 días de cuarentena obligadas en la casa de mi mamá, en Bogotá, en una nueva realidad para mí y una oportunidad de tejernos en paz como madre e hija por primera vez en la vida. Fue muy transformador. Pues antes no podíamos convivir juntas ni por 24 horas. Esta vez, logramos convivir en armonía y crecimiento exponencial.

Allá Recordé esta frase:

“Sufra lo que tenga que sufrir; goce lo que tenga que gozar. Considere el sufrimiento y la alegría como hechos de la vida, y siga entonando Nam-myoho-rengue-kyo, pase lo que pase. ¿No sería esto experimentar la alegría ilimitada que proviene de la Ley?”

Daishonin

Por eso deseo transformar esos limones amargos y diversos, en helado, en postre y en limonada de coco.

Y no todo fue tragedia, en este libro comparto la aventura que vivimos con David durante 5 meses viajando en nuestro Motor Home La Morada por el mundo: En Estados Unidos, lo puedes conseguir en Amazon.

¡Manifiesta este 2021! Y hazlo tuyo

Si quieres aprender a Manifestar tu Meta para este 2021, comunícate con Hada en este enlace.

Diciembre 2020.

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